El domingo, la gran mayoría, nos pronunciamos por una esperanza de cambio. Si, esperanza, basada en la convicción de que las cosas deben mejorar en nuestra nación. Votamos, pero sobre todo nos pronunciamos, por un Ecuador en el que más personas – no todas, no seamos ilusos, el paraíso no existe – tengan oportunidades similares, un país en que los derechos fundamentales se respeten de verdad.
Fue esa esperanza la que obtuvo mayoría, no los candidatos de Alianza País entre los que se colaron cientos de mediocres arribistas; ganó la oportunidad de cambiar las cosas, de rescatar instituciones claves del estado, de las manos de una rancia “partidocracia” que la tenía secuestrada para hacer posibles sus intereses, que no son – nunca fueron, no debieron ser – los nuestros.
Gano la conciencia de país, de una nueva elite intelectual que ha sido capaz de conseguir que nos sumemos a su propuesta, unos por orientación ideológica, algunos por coincidencia en los conceptos y otros simplemente llevados por una muy cuidada estrategia de comunicación.
Si ecuatorianos, no nos engañemos, para muchos este no es más que un ensayo, pero esta vez uno diferente en el que estamos de acuerdo el 80% de los ciudadanos. El resto, los otros, los que perdieron en una lid seudo democrática y amarrada, deberán observar de lejos lo que sus antagonistas de turno hagan, ya les correspondía, es esa la voluntad del pueblo.
El joven presidente es depositario de nuestra confianza, pero también es el responsable de capitalizar la oportunidad histórica de cimentar la nueva Patria, aquella en la que crezcan sanos, educados y libres nuestros hijos; una nación y estado soberanos, que decidan por si mismos los caminos por los cuales transitar hacia el desarrollo y la equidad. No firmamos ningún cheque en blanco, nunca tamaña atrocidad, esta nación es también de los que vienen después y es por ellos que vamos a estar vigilantes, vamos a exigir y juzgar todos los actos de los asambleístas, del equipo de gobierno y de su líder, que es nuestro mandatario.
La asamblea es un paso más en la construcción del futuro, un espacio necesario pero no la meta, lo trascendental es lo que de ella resulte y luego, lo que todos los ecuatorianos hagamos, para no repetir nunca más capítulos obscuros de nuestra historia. Hay una gran luz en el horizonte, hay esperanza en nuestro corazón, pero también un largo camino que recorrer con responsabilidad, entereza, ilusión y esfuerzo diario. Es momento de reflexionar, de asumir nuestro rol histórico, de cuidar esta Patria que es de cada uno de nosotros.