LOJA

CIUDAD PEQUEÑITA

Hay tardes en las que llueve en el alma,
esos días eternos, colmados de nostalgia;
y entonces uno piensa en la gente,
en las casitas de teja de la calle antigua,
en el café humeante y cargado,
en el queso fresco y los tamales calientes,
se piensa en volver, en encontrarse otra vez…

Volver al pueblito perdido en los Andes,
ese montón de casitas que se arrullan al pasar de sus ríos,
aquel par de niños inquietos que de cuando en cuando,
deciden hacer alguna travesura.

Volver por los caminos de piedra que bajan del cielo,
mirar a las mujeres venir riendo entre los sauces,
sosteniendo pudorosas sus faldas,
que el viento del sur levanta imprudente,

Caminar por sus calles y patear una vieja pelota,
testigo perenne y callado de las grandes ilusiones de niño,
pretexto bendito para muchas tardes de felicidad y de sueños.

Regresar a la casa de la abuela,
aquella señora impaciente, de rostro claro,
que sabe lo que nos gusta y nos lo brinda cantando,
que nos pregunta de todo y que con sus historias,
nos hace saber que por aquí también ¡se ha pasado el tiempo!

Pasear despacio por el barrio,
y buscar entre la gente el rostro de Ella,
mirar de lejos al balcón de su casa,
como queriendo encontrar de nuevo aquel amor inocente,
repasar cada lugar, cada instante,
y recordar con nostalgia la tarde en que le declaré,
el amor más grande y sincero del mundo.

Entrar en la casa de los viejos,
y distinguir en sus paredes los recuerdos,
que una mano de pintura no ha podido borrar.

Descubrir a mi madre entre sus cosas,
y encontrar en su presencia el alivio,
para todos los males de mi alma,
la tranquilidad de un niño al sentirme en sus brazos,
mientras dejo caer una lágrima que inquieta, recorre su cabello blanco.

Observar a mi padre tras la ventana,
con la mirada fija en el horizonte,
intentando encontrar en las viejas montañas,
otra vez, aquellos días.

Revivir en sus ojos cansados,
la sinceridad y nobleza del ideal,
que con ejemplo me fuera inculcado,
el mismo que aquella tarde de agosto,
ávido de libertad saliera a buscar.

Hablar, reír con él, recordar a los parientes
y cuando la tarde se marcha,
dejar escapar un suspiro,
celebrando con una sonrisa la vitalidad de la niña,
sentarnos en el desván y mirar incrédulos,
¡cómo se ha hecho mujer!

Cómo se ha pasado el tiempo por mi pueblo viejo,
cómo duele saber que los amigos ya no están,
que no volverán las tardes en la esquina,
los días de fiesta y los domingos después de la iglesia,
que todos se han marchado en silencio,
como se marcha el último rayo de luz entre los árboles,
a la hora en que los pájaros dejan de cantar.

La oscuridad se asienta despacio,
sobre el techo de las casas juntitas,
mientras las luces pintan calladas,
de mil colores al valle.

Desde el cielo,
la luz de la luna nos inquieta el espíritu,
en la tierra, las madres después de la cena,
invitan a quedarse a los hijos,
los hijos de una ciudad pequeñita,
que en la noche del viernes no quiere dormir.

Carlos Granda Tandazo. Quito, agosto de 1996.

Así es volver a mi ciudad, así es como me siento cuando camino entre su gente y, aunque muchas cosas han cambiado, hay otras que siempre siguen igual. Por eso cada año la extraño más, porque cada vez que alguien se marcha de ella, hay otra razón para recordar, para seguir hablando de Loja, de la pequeña ciudad en el último rincón del mundo, donde siguen riendo, siguen amando y soñando, nuestras almas de niño.

Respuestas

  1. Me has sorprendido…..

    Por la fecha es de cuando compartían sus añoranzas con mi ñaño Galo y todos aquellos soñadores jovenes lojanos que viajaron a la “capital” a forjarse su futuro.

    Es bueno saber que alguién puede plasmar todo lo que uno siente cuando por esa cosas de la vida tiene que alejarse de esta hermosa ciudad…… tus vivencias se acoplan a las mías y a la de todos los lojanos que alguna vez hemos sentido añoranzas por esta pequeñita ciudad.

    Pati

  2. Carlos sinceramente muy bueno ….” Ciudad pequeñita” cada una de sus palabras estan empapadas de mucha nostalgia y melancolía…porque aqui esta nuestra gente querida. Es cierto que Loja es una ciudad chiquita pero es cuna de mucha gente grande y trascendente…
    Siga escribiendo !!!

    Liz

  3. He vuelto a descubrir mi ciudad pequeñita, recordar aquellos viejos amigos y personas queridas que quizás no volverán pero que su mero recuerdo evoca gran alegría y nostalgia.

    Realmente es admirable la descripción de los detalles y comparto con Pati en el sentido de que usted ha sabido plasmar de forma muy auténtica lo que Loja puede significar en el corazón de los lojanos.

    Mafer


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