Posteado por: Carlos Granda | Octubre 2, 2007

Es momento para la reflexión

El domingo, la gran mayoría, nos pronunciamos por una esperanza de cambio. Si, esperanza, basada en la convicción de que las cosas deben mejorar en nuestra nación. Votamos, pero sobre todo nos pronunciamos, por un Ecuador en el que más personas – no todas, no seamos ilusos, el paraíso no existe – tengan oportunidades similares, un país en que los derechos fundamentales se respeten de verdad.

Fue esa esperanza la que obtuvo mayoría, no los candidatos de Alianza País entre los que se colaron cientos de mediocres arribistas; ganó la oportunidad de cambiar las cosas, de rescatar instituciones claves del estado, de las manos de una rancia “partidocracia” que la tenía secuestrada para hacer posibles sus intereses, que no son – nunca fueron, no debieron ser – los nuestros.

Gano la conciencia de país, de una nueva elite intelectual que ha sido capaz de conseguir que nos sumemos a su propuesta, unos por orientación ideológica, algunos por coincidencia en los conceptos y otros simplemente llevados por una muy cuidada estrategia de comunicación.

Si ecuatorianos, no nos engañemos, para muchos este no es más que un ensayo, pero esta vez uno diferente en el que estamos de acuerdo el 80% de los ciudadanos. El resto, los otros, los que perdieron en una lid seudo democrática y amarrada,  deberán observar de lejos lo que sus antagonistas de turno hagan, ya les correspondía, es esa la voluntad del pueblo.

El joven presidente es depositario de nuestra confianza, pero también es el responsable de capitalizar la oportunidad histórica de cimentar la nueva Patria, aquella en la que crezcan sanos, educados y libres nuestros hijos; una nación y estado soberanos, que decidan por si mismos los caminos por los cuales transitar hacia el desarrollo y la equidad. No firmamos ningún cheque en blanco, nunca tamaña atrocidad, esta nación es también de los que vienen después y es por ellos que vamos a estar vigilantes, vamos a exigir y juzgar todos los actos de los asambleístas, del equipo de gobierno y de su líder, que es nuestro mandatario.

La asamblea es un paso más en la construcción del futuro, un espacio necesario pero no la meta, lo trascendental es lo que de ella resulte y luego, lo que todos los ecuatorianos hagamos, para no repetir nunca más capítulos obscuros de nuestra historia. Hay una gran luz en el horizonte, hay esperanza en nuestro corazón, pero también un largo camino que recorrer con responsabilidad, entereza, ilusión y esfuerzo diario. Es momento de reflexionar, de asumir nuestro rol histórico, de cuidar esta Patria que es de cada uno de nosotros.


Respuestas

  1. La hora del ciudadano

    Por Rubén Darío Buitrón

    El triunfo arrollador de Alianza País es histórico para la tendencia de centroizquierda en el Ecuador.
    No solo porque el movimiento liderado por el presidente Rafael Correa probablemente llegue a la próxima asamblea constituyente con mayoría absoluta (80 al de 130 representantes), sino porque la escasa votación que obtuvieron los partidos tradicionalistas que malgobernaron al Ecuador durante los últimos 30 años marca el principio del fin de la llamada partidocracia vinculada a sectores económicos hegemónicos y concentradores.
    Del otro lado, quizás el principal perdedor de las elecciones de este domingo sea el partido del ex militar Lucio Gutiérrez, que aunque posiblemente logre una decena de asambleístas, anunció con apresuramiento y desproporcionado triunfalismo una “victoria contundente”: según él, su partido aspiraba a lograr una votación caudalosa para convertirse, desde posiciones conservadoras, en la principal fuerza contradictora de Alianza País.
    Gutiérrez, líder de Sociedad Patriótica, es un militar que inició su carrera política liderando el derrocamiento militar-indígena al presidente Jamil Mahuad, abandonó rápidamente su acercamiento a la izquierda y ahora es el representante de una derecha a la que no parece quedarle demasiado espacio en el país.
    El Partido Social Cristiano (PSC) y la Izquierda Democrática (ID), las dos agrupaciones que dominaron el escenario del poder durante las últimas tres décadas, cuentan con tan pocos escaños que su fortaleza electoral va quedando en escombros. El PSC, que controlaba Guayas, la provincia más grande del Ecuador cuya capital es Guayaquil, alcanzó menos del 20 por ciento de escaños provinciales.
    La ID, tradicionalmente dominante en las provincias de Pichincha (Quito) y Azuay (Cuenca), también quedó fuera de las preferencias electorales.
    En otra de las grandes provincias, Manabí, cuya votación solían repartirse entre el PSC, el Prian (del empresario Álvaro Noboa) y el PRE (del ex presidente exiliado en Panamá Abdalá Bucaram), el triunfo fue del partido gobernante.
    Alianza País arrasó en estas cuatro provincias, las más estratégicas y pobladas del país. La votación, entonces, marca, por un lado, un cambio radical en las preferencias electorales que eran de derecha en Guayas y Manabí y una consolidación de la tendencia correísta en Pichincha y Azuay, dos provincias que tradicionalmente se han pronunciado por la tendencias progresistas y de izquierda.
    ¿Qué viene ahora? Si se cumplen los anuncios previos del presidente Correa y si la asamblea, con amplia mayoría de Alianza País, ejerce todo su poder, disolverá el actual Congreso Nacional y apuntará hacia un cambio profundo de la estructura estatal.
    La futura constitución dependerá del voto de una mayoría simple, lo cual le abre grandes espacios de movimiento a Alianza País, y de una consulta popular que una vez redactado el proyecto de la nueva Carta Magna deberá ratificar o rechazar el nuevo cuerpo legal.
    El presidente Correa tiene ahora muchas razones para sonreír y mantenerse tranquilo. Obtiene su tercera victoria electoral en seguidilla (lo cual es un récord en el país), consolida la aceptación a sus propuestas de cambio en una amplia mayoría de ciudadanos y tiene el camino libre para armar una nueva Constitución acorde con sus propuestas.
    Así como ocurrió el pasado 15 de abril, cuando en consulta popular el 82 % de ecuatorianos se pronunció a favor de la realización de la asamblea constituyente, seis meses después el proyecto que representa Correa en relación a los cambios estructurales del país mantiene intactas su popularidad y su credibilidad.
    Ahora, con la constitución número 20, tendrá que cumplir sus más importantes promesas: democratizar el ejercicio del poder, modificar sustancialmente la estructura económica del país hacia la redistribución y un manejo de los recursos naturales al servicio de todos, terminar con el secuestro de las entidades de control por la vieja partidocracia, acelerar el proceso de investigación y sanciones a los responsables de la crisis bancaria y el congelamiento de fondos de 1999 y profundizar el acceso de todos los ciudadanos a los servicios de salud y educación.
    Pero el proceso que se viene, si quiere ser exitoso e históricamente positivo para la mayoría de ecuatorianos, requerirá dos elementos clave: una, la rectificación por parte del presidente Correa y algunos de sus colaboradores de ciertos errores, gestos y procedimientos que se contradicen con su discurso de la ética política, el acuerdo social y la meritocracia que maneja el poder. Y dos, la más importante: que todos los ciudadanos, en especial los que apostamos por el cambio, nos convirtamos en incansables vigilantes de las acciones y decisiones de cada uno de los asambleístas.
    En su primera reacción oficial, el Jefe de Estado ha puntualizado que él y sus probables 80 asambleístas, “en aras de la paz y la patria nueva” invitarán a representantes de todos los sectores (incluidos banqueros y empresarios) para armar consensos. Un buen indicio. El otro es que el Presidente marcó distancias con lo que llamó “los miedos creados por la oposición y la oligarquía en torno al socialismo del siglo XXI”: “Estamos construyendo una revolución ciudadana en democracia, original, ecuatoriana y soberana”, subrayó.
    “Hoy se cristaliza un sueño de ciudadanos y ciudadanas comunes y corrientes por un cambio profundo en el Ecuador”, ha dicho Correa.
    Por tanto, lo que no puede pasar en esta ocasión, como sí ha ocurrido con gobiernos anteriores, es que se traicione la esperanza de millones de ecuatorianos. Pero esto no solo dependerá de lo que hagan los representantes a la asamblea sino, fundamentalmente, de que la nueva constitución política represente el deseo de la gran mayoría de ciudadanos y no de la voluntad subjetiva de 130 personas, por más éticas y patrióticas que estas fueran.

    Rubén Darío Buitrón

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    Los medios en el medio
    rubendariobuitron.wordpress.com

  2. Gracias por tu comentario Ruben Darío, la opinión de un periodista de semejante trayectória como tu siempre es orientadora. Saludos cordiales .

  3. Coincido básicamente en tu punto de vista, principalmente en el hecho de que el gobierno no ganó por la calidad de gente que puso en la lista, salvo una o dos excepciones. La gente votó por una esperanza de cambio, no importa quien hubiera estado postulado.
    Saludos,
    Carlos Manuel Pachano

  4. Yo comparto el que la arrolladora victoria electoral de los candidatos gobiernistas redunda en la sed de esperanza sembrada por el pueblo en el presidente Correa.

    Por el número grande de candidatos, es seguro que mucha gente poco capacitada se haya colado, tal vez debido que la “única condición para que el mal se propague, es que los hombres buenos no hagan nada”, pero bueno eso supone escenarios complicados donde conjugan infinidad de variables que ahora mismo no tienen sentido implicar en el comentario.

    La verdad es que los dados ya se lanzaron, aunque no es una cosa del azar el destino del país; está en nosotros, el pueblo, velar por que los dados no estén trucados.

  5. Las elecciones del 30 de septiembre 2007 eran para el Ciudadano Presidente Rafael Correa, la validación a la fecha de su gestión, yo veía venir un desgaste producto de su lengua de show. Para la patria, en cambio, era una nueva muestra de poner a prueba la esperanza de que por fin evolucionemos.
    Con los resultados que se tienen, se terminó el tiempo de los partidos políticos en Ecuador, de la derecha, y aunque me de pena decirlo, incluso de los movimientos ciudadanos; entramos a la “era de la patria Altiva y Soberana”; la única duda que me acompaña es si pasamos al fin a una era de política 2.0 o solo estoy presenciando más de lo mismo.

    Sin duda, para Correa ésta era “La madre de todas las batallas” y hoy la ganó; Para el pueblo ecuatoriano que no es “guerrerista”, en cambio esto no es batalla, simplemente es muestra de un pueblo que mantiene la fe, la esperanza de que la Patria sea para todos.

    Espero que ha este hombre, no se le olvide que es mortal, y que si se le embrutece el alma, varios lucharemos, con cualquier medio para que la fe no se pierda.

  6. El Gobierno tiene una inmensa responsabilidad, tengo mis dudas, sin embargo, no quiero ser pesimista, quiero pensar que en realidad vamos a tener cambios en el Ecuador.

  7. Más que el arrollador triunfo del Movimiento País los resultados de estas elecciones nos muestran un detalle importante que sugiere un análisis: Los partidos tradicionales están muertos y los ecuatorianos finalmente nos encaminamos a un proceso de cambio.

    El error de esots partidos es que siguen preguntándose qué hicieron mal, no aprenden de sus propios errores, no asimilan ni comprenden el hartazgo de partidos que vivimos los ecuatorianos.


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