EUROPA: LA TERCERA PODRÍA SER LA VENCIDA…
DIA 1.
Cuando inicio esta crónica, está sonando la RAI en el equipo que mi compañero de viaje Carlitos García encendió poniéndose en punta de pies. Las canciones en italiano nos suenan especialmente cálidas en una noche romana que a finales de junio, es sorprendentemente fría.
Estudiar y avanzar en mi “Trabajo de Investigación Tutelada” es solo uno de los propósitos de este nuevo viaje en el que “cruzo el charco” por tercera vez; el otro por supuesto (no sé si igual o más importante, pero seguro más entretenido) es alimentar el espíritu, encontrarme con la historia y la cultura de las milenarias metrópolis europeas, iniciando por la “ciudad eterna”, a la que vuelvo con la misma ilusión y expectativa, aunque por alguna razón y desde el embarque en Loja, esta salida me ha provocado más ansiedad y nervios que ninguna otra.
Antes de tomar el Air Bus de Iberia que me lleva hasta Madrid (al que sinceramente encuentro harto incómodo durante el vuelo) hago una parada estratégica en Guayaquil, que sigue siendo “el último puerto del Caribe” como ya dijera uno de sus transeúntes más ilustres y queridos, el gran Daniel Santos. Estratégica porque allí encuentro a la otra parte de mi alma, mi hermana Carla que me ofrece descanso, los consabidos consejos finales antes del viaje, pero sobre todo su sonrisa y la sinceridad de su mirada que le dan calma y aliento a mi trajinar.
Cuando antes de ingresar al pre embarque doy vuelta para ver su rostro por última vez, flotan en mi mente los mejores recuerdos de vida, los grandes anhelos y esa ilusión compartida por recorrer el mundo, guardarnos lo mejor de él y seguir soñando como lo hicieran nuestros padres y como venimos haciéndolo desde niños.
Allá voy a buscar emociones, otros rostros, más paisajes y callejuelas, llevo propósitos nobles y mundanos, zapatos nuevos y viejos, pequeñas y grandes dudas; extrañamente, desde hace algunos días se me ha cruzado por la mente que tal vez, solo tal vez, esta sea una travesía especial, diferente, un tiempo para repensar y sacar a limpio algunas cosas de mi paso por la vida, ¿quién sabe si me estoy volviendo demasiado adulto..?
La espera en Madrid incluye cambio de puerta de embarque, da tiempo para comprar zapatos más cómodos y bromear un buen rato junto al grupo de lojanos con los que viajo a mi primera peregrinación (tal como se escucha) de carácter institucional – religioso (las únicas similares que había hecho eran las de llegada o salida de la Virgen de El Cisne a Loja y esas tenían carácter de aventura juvenil con vacile incluido) a la que fuimos invitados por la Universidad en la que trabajamos.
Tras más de dieciséis horas de avión, salas de espera y buses, apenas me quedan fuerzas para dar una llamada a mi madre y decirle con alegría que estoy en suelo italiano, que “su negrito” ya llegó a Roma y que se preocupe lo menos posible, que esto recién comienza.
DIA DOS: FLORENCIA
Carlitos y yo nos quedamos en una residencia religiosa, austera pero cómoda, donde lo mejor fue una buena ducha. El martes tras un modesto desayuno, pasamos a buscar a nuestros compañeros de aventura urbana, destino Florencia, la cuna del renacimiento.
De regreso tras cinco años a esta “ciudad enciclopedia”, donde el aire está impregnado de cultura, historia, belleza y del aroma de sus miles y miles de visitantes, uno duda si las joyas más hermosas están en las vitrinas de Ponte Vechio o en la mirada insondable, tras las gafas de las turistas que las contemplan.
Es un encuentro con lo mejor del intelecto italiano de la edad media, con sus obras y leyendas, con esas calles de piedra que nos conducen hacia tantos rincones y miradores desde donde se contempla una ciudad coqueta, alegre y colorida.